En el partido de Saladillo, en la provincia de Buenos Aires, un emprendimiento productivo logró combinar cultivo de kiwi, elaboración artesanal de alimentos y turismo rural. El proyecto comenzó como una curiosidad en una chacra familiar y con los años se transformó en una propuesta que hoy recibe visitantes y comercializa fruta en distintas ciudades.
La iniciativa se puso en marcha a fines de la década de 2000, cuando sus impulsores comenzaron a investigar la posibilidad de producir kiwis en una zona que no forma parte del tradicional cordón frutícola del sudeste bonaerense. El desafío implicó estudiar suelos, clima y sistemas de protección para adaptar el cultivo.
El primer paso fue pequeño. Se incorporaron apenas unas 20 plantas de kiwi para evaluar si podían desarrollarse en la región. Con el paso del tiempo, la plantación creció hasta alcanzar cerca de 500 ejemplares entre plantas machos y hembras, necesarias para garantizar la polinización y la producción de frutos.
El proceso productivo requirió inversiones y técnicas específicas. Entre ellas se incluyó la instalación de cortinas de árboles para proteger el cultivo del viento, sistemas de riego y mecanismos para resguardar las plantas frente al granizo.
El frío invernal resultó clave para el desarrollo de la fruta. Las bajas temperaturas permiten que la planta entre en reposo y acumule energía para el crecimiento que llega con la primavera.
Con el tiempo, el emprendimiento sumó nuevas etapas de producción. Parte de los kiwis cosechados se destina a la elaboración de mermeladas artesanales, lo que permite agregar valor a la fruta.
Además, el proyecto incorporó plantaciones de cítricos como limones, naranjas y mandarinas. En la actualidad, el establecimiento reúne unas 300 plantas de estas variedades que complementan la producción principal.
Los productos obtenidos se comercializan en distintas ciudades de la provincia de Buenos Aires y también en ferias y mercados regionales. La certificación agroecológica permitió garantizar que el cultivo se realiza sin agroquímicos.
Hace algunos años, la iniciativa incorporó una propuesta turística que atrajo visitantes de diferentes puntos del país. La experiencia invita a recorrer la plantación, conocer el proceso productivo y participar de la cosecha.
La actividad incluye una charla introductoria sobre el cultivo del kiwi, un recorrido por los sectores de la chacra y un espacio final de degustación de mermeladas artesanales.
El programa tiene una duración aproximada de dos horas y permite que familias o grupos de amigos puedan cortar su propia fruta y disfrutar del entorno natural.
A unos 185 kilómetros de la Ciudad de Buenos Aires, la propuesta se transformó en una alternativa para quienes buscan experiencias vinculadas con la producción local y el contacto con la naturaleza, en un distrito que también destaca por su patrimonio histórico, su gastronomía y sus espacios verdes.