domingo 04 de enero de 2026 - Edición Nº4149

Destacadas | 3 ene 2026

Identidad campera

Historia viva del campo bonaerense: tres generaciones sostienen la pulpería que habilitó Juan Manuel de Rosas

Un antiguo comercio rural convertido en símbolo comunitario mantiene vigente una tradición que une pasado, identidad y vida social en la pampa.


El Almacén de Ramos Generales La Paz, ubicado en el partido de Roque Pérez, conservó durante más de un siglo un rol central en la vida del campo bonaerense. Habilitado en sus orígenes como pulpería por Juan Manuel de Rosas, el espacio atravesó generaciones y se mantuvo activo gracias al trabajo sostenido de la familia Gómez, que lo convirtió en un punto de encuentro social y cultural.

Fundado formalmente en 1859, el almacén se consolidó como el único punto de abastecimiento entre Lobos y Saladillo, en una época en la que no existían rutas asfaltadas ni centros urbanos cercanos. Su edificio de ladrillos altos rompió con el paisaje de ranchos de adobe y marcó una referencia para chacras y estancias dispersas en la llanura.

Un comercio que organizó la vida rural

La historia actual del lugar se cuenta a través de Julián Gómez, tercera generación al frente del negocio familiar. Criado entre estantes, balanzas y conversaciones de mostrador, su vínculo con el almacén no respondió a una herencia simbólica, sino a una continuidad cotidiana que se fue construyendo con el paso del tiempo.

Antes de la apertura formal del almacén funcionó una pulpería fundada en 1832, que todavía permanece en pie, aunque deteriorada. En una antigua oficina se conserva una copia de la autorización firmada por Juan Manuel de Rosas, un documento que da cuenta del origen del emprendimiento y de su vínculo con la historia de la provincia de Buenos Aires.

Durante décadas, el comercio funcionó como un verdadero almacén de ramos generales. Allí se acopiaban cereales y se vendían alimentos, herramientas, armas y carruajes. Su función superó largamente lo comercial y se transformó en un espacio donde circulaban noticias, oficios y relaciones sociales.

La familia Gómez y la identidad del lugar

La pulpería y luego el almacén pasaron por distintas manos hasta que llegaron a la familia Gómez. El abuelo de Julián, Justo Gómez, había emigrado desde España con apenas trece años, trabajó como peón rural y logró alquilar el local. Con el tiempo, junto a su esposa, compró el negocio y se convirtió en propietario.

La segunda generación estuvo marcada por Justo Agustín Gómez y por Valentina Gómez, conocida en toda la zona como la Chola. Ella atendió el mostrador durante casi ocho décadas y su presencia fue tan determinante que el almacén dejó de ser nombrado por su denominación formal para pasar a ser, simplemente, “lo de la Chola”.

Ese uso cotidiano terminó de fijar una identidad que no respondió a estrategias comerciales, sino a la práctica social. Ir al almacén significó, durante años, encontrarse con vecinos, compartir un vermú antes del mediodía y sostener vínculos en un territorio sin otros espacios de reunión.

Del auge rural a la resistencia patrimonial

El cambio en la estructura del campo modificó de manera progresiva el rol del almacén. La migración rural, la concentración de tierras y la llegada de supermercados redujeron el movimiento. Las pequeñas chacras dejaron de ser sostenibles y muchas familias se trasladaron a los centros urbanos.

En ese contexto, el comercio pasó de ser central a funcionar como recurso de emergencia. Sin embargo, nunca cerró sus puertas. El predio conservó canchas de fútbol, bochas y paleta, que reforzaron su carácter comunitario y su valor simbólico para la zona.

En la actualidad, Julián Gómez y su hermana Agustina Anabela Gómez sostienen el lugar mientras impulsan tareas de restauración. El objetivo fue preservar la estructura original, reparar el techo y evitar el deterioro definitivo del edificio, con un esfuerzo económico afrontado a través de eventos y actividades culturales.

La Noche de los Almacenes y el futuro

Cada primera semana de enero, Roque Pérez organiza La Noche de los Almacenes, una celebración que revaloriza pulperías y antiguos comercios rurales. En ese recorrido nocturno, el Almacén La Paz vuelve a llenarse de gente, historias y mesas compartidas.

Para la familia Gómez, la fiesta representa algo más que un evento turístico. Permite recuperar el edificio, activar su función social y proyectar una continuidad generacional. La cuarta generación ya creció jugando entre los mismos mostradores y estantes que marcaron la infancia de sus mayores.

Con su interior intacto, los libros contables escritos a pluma y los objetos conservados como piezas de museo, el almacén siguió en pie no como una reliquia, sino como un espacio vivo. Allí, la memoria familiar y la historia del campo bonaerense encontraron una forma concreta de seguir adelante.

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